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LA FRASE DE LEÓN XIV QUE DESARMÓ LA NAVIDAD DEL MUNDO

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 25 dic 2025
  • 4 Min. de lectura
No habló de guerras ni de tratados. Pronunció una frase inesperada en su primera Navidad como Pontífice: la paz no nace del poder, sino de un llanto escuchado. Un mensaje que incomoda… y despierta.
Primera Misa de Navidad León XIV
Frágil, desnudo, silencioso: el Niño Jesús se convierte en el centro de la homilía más incómoda de Navidad. Para León XIV, allí donde el mundo ve debilidad, Dios revela el origen verdadero de la paz y de la vida nueva. (Fotografía: Vatican Media)

Roma amaneció envuelta en una lluvia persistente, casi simbólica. El cielo gris acompañaba el peso de un mundo herido, cansado de guerras, violencia y palabras vacías. Y, sin embargo, miles de fieles caminaron igual hacia la Basílica de San Pedro para vivir un momento histórico: la primera misa de Navidad de León XIV como Sumo Pontífice.


Fue allí donde pronunció una frase que no sonó a diplomacia ni a consuelo superficial, sino a revelación espiritual profunda: “La paz de Dios nace de un sollozo acogido, de un llanto escuchado”.


No habló de tratados. No habló de poder. Habló de lágrimas.







NO ES LA PAZ DEL MUNDO: ES LA PAZ QUE NACE ABAJO

Desde el inicio, dejó claro que la paz cristiana no es como la da el mundo. No se impone, no se negocia en escritorios, no se construye desde arriba. La verdadera paz —dijo— nace abajo, donde nadie quiere mirar: en la fragilidad humana, en la carne herida, en el dolor ignorado.


Inspirado en el profeta Isaías, recordó a los mensajeros de paz que caminan entre ruinas, con los pies cansados y llenos de polvo. No llegan con discursos triunfalistas, sino con una noticia sencilla: aun entre escombros, algo nuevo puede nacer.


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EL ESCÁNDALO DE LA NAVIDAD: DIOS QUE NO HABLA, DIOS QUE LLORA

El momento más impactante de la homilía llegó cuando el Papa puso el centro en el Niño de Belén. El Verbo eterno, la Palabra por la cual todo fue creado, al nacer no habla. No explica. No enseña. Llora.


Ese llanto —explicó— es el primer lenguaje de Dios. Un Dios que se hace carne y se expone a la fragilidad. Un Dios que no domina desde lo alto, sino que pide ser acogido.


“La carne humana requiere cuidado”, afirmó el Pontífice. Y allí se reveló el núcleo de su mensaje: la paz comienza cuando alguien se detiene a escuchar el llanto que otros ignoran.


Primera Misa de Navidad León XIV
Con la cruz pastoral en alto y rodeado de ministros de distintos pueblos y culturas, el Papa León XIV recuerda que la misión de la Iglesia no nace de la fuerza ni del poder, sino de inclinarse ante la carne vulnerable del otro. (Fotografía: Vatican Media)

DONDE NO SE ESCUCHA EL LLANTO, SE PIERDE LA PAZ

León XIV no esquivó la incomodidad. Señaló que el verdadero poder que Dios nos da —el de llegar a ser hijos suyos— queda enterrado cuando somos indiferentes al dolor.


Nombró realidades concretas: los niños ignorados, los ancianos silenciados, las víctimas reducidas al mutismo. Habló de las tiendas de Gaza bajo la lluvia, de los refugiados en todos los continentes, de los jóvenes enviados a guerras que no entienden, de las personas sin hogar en ciudades que prefieren no verlos.


Y fue tajante: “Cuando la fragilidad de los demás nos atraviesa el corazón, entonces ya comienza la paz”.


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LA TERNURA COMO FUERZA QUE DESARMA AL MUNDO

Citando a Francisco, el Papa recordó que Jesús no quiere cristianos a distancia de las llagas del mundo. Quiere manos que toquen, corazones que se conmuevan, vidas que se involucren.


La paz —insistió— no nace de la fuerza exhibida, sino de la ternura practicada. No surge del control, sino de la cercanía. No se impone: se acoge.


Por eso, la misión de la Iglesia no es amplificar palabras prepotentes —“esas ya resuenan por todas partes”— sino servir a una presencia silenciosa que genera bien y despierta conciencia.


Primera Misa de Navidad León XIV
En una basílica de San Pedro colmada y bajo una lluvia persistente sobre Roma, León XIV celebra su primera Misa de Navidad como Pontífice, retomando una tradición que no se vivía desde san Juan Pablo II en 1994. La paz, dijo, ya está entre nosotros. (Fotografía: Vatican Media)

CUANDO LOS MONÓLOGOS TERMINAN, LA PAZ COMIENZA

El cierre de la homilía fue tan poético como demoledor. Afirmó que habrá paz cuando nuestros monólogos se interrumpan, cuando dejemos de hablarnos a nosotros mismos y aprendamos a escuchar al otro. “Habrá paz —dijo— cuando caigamos de rodillas ante la carne desnuda de los demás”.


En María, Madre de la Iglesia y Reina de la Paz, el Papa señaló el modelo definitivo: nada nace del exhibicionismo de la fuerza, todo renace del silencioso poder de la vida acogida.


Primera Misa de Navidad León XIV
El Papa se detiene ante el Niño Jesús, presentado sobre el altar, recordando que Dios eligió hablarle al mundo no con discursos, sino con un llanto. “La paz de Dios —enseñó— nace de un sollozo acogido”. (Fotografía: Vatican Media)

UNA NAVIDAD QUE NO PROMETE SOLUCIONES, PERO EXIGE CONVERSIÓN

Bajo la lluvia romana, en una plaza desbordada, León XIV no ofreció una salida fácil al drama del mundo. Ofreció algo más exigente: una conversión del corazón.


Porque —como dejó claro en su primera Navidad como Papa—la paz de Dios no comienza cuando el mundo calla…comienza cuando alguien se anima a escuchar un sollozo.

LA FRASE DE LEÓN XIV QUE DESARMÓ LA NAVIDAD DEL MUNDO

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