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La Fe Guaraní que No Se Rinde

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • 5 jun
  • 3 Min. de lectura
En cada partido, la selección paraguaya se encomienda a Dios y a la Virgen de Caacupé. Su fe, arraigada en la tradición guaraní, es el motor espiritual que impulsa a los jugadores a luchar con esperanza y determinación.
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La oración que une al país. Antes de cada partido, la selección paraguaya se toma de las manos y ora con fe. En cada palabra, la Virgen de Caacupé, patrona del Paraguay, es invocada como guía y escudo espiritual. (Fotografía: Facebook / Selección Paraguaya de Fútbol)

En el vestuario, antes de que ruede el balón, se escucha un murmullo de oraciones. Los jugadores de la selección paraguaya se toman de las manos, cierran los ojos y se encomiendan a Dios. No es un ritual vacío; es una tradición que nace del alma guaraní.


Hoy, en una nueva jornada de las Eliminatorias Sudamericanas rumbo al Mundial 2026, la Albirroja se enfrenta a Uruguay. Pero antes del pitazo inicial, hay un acto invisible que trasciende el fútbol: la oración. Porque para muchos de estos jugadores, el verdadero partido se juega también de rodillas.

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La Virgen de Caacupé está presente en cada encuentro. Algunos llevan su imagen en el pecho, otros en la mente y el corazón. Es la madre espiritual que guía al combinado en cada batalla futbolística.


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El verdadero trofeo está en el centro. Tras clasificar al Mundial 2010, la selección paraguaya no celebró con copas ni discursos vacíos. Se arrodillaron en círculo, colocaron a la Virgen de Caacupé en el centro y rezaron en el estadio Defensores del Chaco. En una noche de gloria, dieron el primer lugar a Dios.

Esta devoción no es nueva. Desde hace décadas, la fe fue el motor que impulsa a generaciones de jugadores. En tiempos de gloria y en momentos difíciles, la esperanza en Dios y la protección de la Virgen son el refugio y la fortaleza del equipo.







LA FE COMO IDENTIDAD

La "Albirroja", no solo se destaca por su garra y determinación en el campo, sino también por la profunda fe que une a sus jugadores. Esta espiritualidad se manifiesta en cada partido, donde las oraciones y la devoción a la Virgen de Caacupé son parte esencial de la preparación.


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Bajo la lluvia... pero con los ojos en el cielo. En pleno Mundial 2010, el Topo Cáceres no festeja con gritos ni gestos. Mira al cielo, reza y se encomienda a Dios. En un estadio lleno de ruido, su silencio fue un testimonio de fe que recorrió el mundo.

Uno de los testimonios más conmovedores es el de Víctor "Topo" Cáceres, quien durante el Mundial de Sudáfrica 2010 fue captado por las cámaras elevando una plegaria bajo la lluvia. En una entrevista posterior, Cáceres compartió: "Siempre, antes de cada partido, nos encomendamos a Dios rezando un padrenuestro y un avemaría, pidiéndole que todo nos salga bien y que nadie, ni nuestros rivales, salga lesionado" .



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La Virgen de Caacupé es la patrona del Paraguay y una figura central en la vida espiritual del país. La basílica es un lugar de peregrinación donde miles de fieles acuden cada año para rendir homenaje y agradecer los favores recibidos.


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El alma de un guerrero guaraní se forja en la fe. Víctor "Topo" Cáceres, en una imagen de archivo tomada en su hogar hace más de una década, posa junto a la pequeña gruta familiar dedicada a la Virgen de Caacupé. No es solo un altar, es el corazón espiritual de su casa, donde se encomendaba antes de los partidos y agradecía en silencio después de cada batalla.

Hasta allí no solamente se acercan los miembros de la selección, sino también distintos equipos de la liga profesional de varias categorías viajan hasta la "capital de la fe" para agradecer a la Madre.

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La fe de la Albirroja no se limita al ámbito nacional. En el Mundial de Sudáfrica 2010, la imagen de la Virgen de Caacupé acompañó al equipo, simbolizando la unión entre la espiritualidad y el deporte. Esta tradición continúa viva, inspirando a nuevas generaciones de futbolistas paraguayos.


En cada encuentro, la selección paraguaya demuestra que el fútbol es más que un juego; es una expresión de identidad, pasión y fe. La devoción a la Virgen de Caacupé y la confianza en Dios son pilares que sostienen al equipo, recordando que la verdadera fuerza proviene del espíritu.



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