LA ESCALERA QUE DESAFÍA A LA CIENCIA Y A LA FE: EL MISTERIO DE LORETO QUE NADIE PUEDE EXPLICAR DESDE HACE MÁS DE 150 AÑOS
- Canal Vida

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No tiene clavos, no tiene soporte visible y desafía las leyes de la física. Desde hace más de 150 años, una escalera en la capilla de Loreto sigue sin explicación. Para muchos, no la construyó un hombre… sino san José.

En el corazón de Santa Fe (Nueva México, Estados Unidos), dentro de una pequeña capilla neogótica que muchos pasan por alto, se esconde uno de los enigmas más inquietantes del cristianismo moderno. No se trata de una reliquia ensangrentada ni de una aparición mariana. Es una escalera. De madera. Silenciosa. Perfecta. Y, según ingenieros y científicos, imposible.
La llaman la Escalera Milagrosa de Loreto. Y desde hace más de 150 años, nadie puede explicar cómo se sostiene.
Una capilla hermosa… con un error fatal
La historia comienza en 1872, cuando las Hermanas de Loreto decidieron construir una capilla como anexo de su convento y escuela para niñas. El templo, inspirado en la Sainte-Chapelle de París, quedó terminado y deslumbrante. Pero cuando todo parecía listo, las religiosas descubrieron algo insólito: no había escalera para acceder al coro, ubicado a casi diez metros de altura.
El arquitecto francés encargado de la obra, Antonio Mouly, había muerto violentamente antes de resolver el problema. No dejó planos. No dejó indicaciones. Y todos los especialistas consultados coincidieron en lo mismo: era imposible construir una escalera sin destruir el espacio o arruinar la armonía del templo.
La única “solución” era una escalera de mano. Las monjas se negaron.

Cuando la técnica falla, entra la fe
Frente a lo que parecía un callejón sin salida, las Hermanas de Loreto hicieron lo único que sabían hacer: rezar. Iniciaron una novena a san José, el carpintero, padre adoptivo de Jesús. Durante nueve días pidieron una salida donde la razón no encontraba ninguna.
El noveno día ocurrió lo inesperado. Un hombre humilde se presentó en la puerta de la capilla. Llegó montado en un burro, con herramientas simples de carpintería. Dijo que podía construir la escalera. Pero puso dos condiciones extrañas: trabajar completamente solo y disponer de grandes baldes con agua.
Las monjas aceptaron. Algo en ese hombre les transmitía paz.
Tres meses de silencio… y una obra imposible
Durante meses, el carpintero trabajó encerrado en la capilla. Nadie lo vio entrar ni salir. No usó clavos. No usó cola. No usó metal. Solo madera y uniones perfectas.
Cuando finalmente permitió el ingreso, las religiosas quedaron sin palabras: ante ellas se elevaba una escalera de caracol de 33 escalones, que daba dos vueltas completas de 360 grados, sin poste central, sin apoyo lateral visible y ocupando un espacio mínimo.
Una obra de una belleza sobrecogedora.
Días después, las hermanas quisieron agradecerle. Prepararon una cena. Pero el carpintero había desaparecido. Sin cobrar. Sin despedirse. Sin dejar nombre. Nadie en Santa Fe lo conocía. Ninguna maderera había vendido los materiales. Ningún registro existía.
Ahí comenzó la leyenda.

Una escalera que no debería existir
Ingenieros, arquitectos y científicos estudiaron la escalera durante décadas. Todos coinciden en algo perturbador: no debería sostenerse según las leyes de la física. El peso descansa en un punto de equilibrio que, en teoría, no es viable. La estructura se comporta como un resorte vivo.
Pero hay más.
La madera utilizada no pertenece a ningún árbol de la región. Los análisis indicaron que se trata de una rara especie de abeto que solo existe en Medio Oriente. ¿Cómo llegó allí? ¿Quién la trajo? ¿Por qué nadie pudo rastrear su origen?
Demasiadas preguntas. Muy pocas respuestas.

¿Milagro o explicación oculta?
Los escépticos ofrecen teorías alternativas: que la escalera fue construida en Francia y traída desmontada; que oculta una estructura metálica invisible, similar a la Torre Eiffel. Pero ninguna hipótesis fue probada de manera concluyente.
Los fieles, en cambio, no dudan: el carpintero era san José. O al menos, alguien enviado por él. El santo al que habían rezado. El artesano silencioso. El que aparece cuando todo parece perdido.
La Iglesia, prudentemente, no tiene una postura oficial sobre el origen milagroso de la escalera. No afirma. No niega. Pero el pueblo creyente sigue rezando.

Un signo que sigue interpelando
Hoy la Capilla de Loreto ya no es un templo activo: funciona como museo. La escalera ya no se utiliza para evitar su deterioro. Pero sigue allí. Intacta. Desafiando a la razón moderna.
No tiene clavos. No tiene cola. No tiene explicación. Y quizás ese sea su mayor mensaje.
En un mundo obsesionado con controlar, medir y explicar todo, la "escalera de Loreto" sigue recordando algo que incomoda: hay misterios que no se suben con la cabeza… sino con fe.
San José, carpintero del silencio, ruega por nosotros.
LA ESCALERA QUE DESAFÍA A LA CIENCIA Y A LA FE: EL MISTERIO DE LORETO QUE NADIE PUEDE EXPLICAR DESDE HACE MÁS DE 150 AÑOS
LA ESCALERA QUE DESAFÍA A LA CIENCIA Y A LA FE: EL MISTERIO DE LORETO QUE NADIE PUEDE EXPLICAR DESDE HACE MÁS DE 150 AÑOS









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