top of page

La Conversión que Aún Puede Cambiar tu Historia

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 1 hora
  • 3 Min. de lectura
Cayó al suelo convencido de tener razón… y se levantó cambiado para siempre. La conversión de San Pablo no fue suave ni romántica: fue una ruptura brutal que aún hoy interpela a quienes creen estar “del lado correcto”.
San Pablo, conversión
Un instante que parte la historia en dos: el perseguidor cae al suelo, la luz lo desarma, y comienza el nacimiento del apóstol. En el camino a Damasco, Saulo deja de huir… y aprende a ver.

Hay conversiones que no ocurren en silencio. No son dulces. No llegan envueltas en paz inmediata. A veces llegan como un golpe seco, como una caída al suelo, como una oscuridad que obliga a detenerse.


"La conversión auténtica no es un cambio de ideas. Es un cambio de centro."

Así fue la conversión de san Pablo, cuya fiesta la Iglesia celebra este 25 de enero. Y por eso sigue siendo una de las historias más incómodas, actuales y necesarias del cristianismo.


Pablo no era un indiferente. No era un buscador tibio. No estaba “lejos de Dios”.

Creía estar haciendo lo correcto.









CUANDO DIOS IRRUMPE EN EL MOMENTO MENOS ESPERADO

El Evangelio y la tradición nos recuerdan que el encuentro decisivo de Pablo con Cristo no ocurrió en un templo, ni durante una oración tranquila, ni después de una larga reflexión espiritual. Ocurrió en el camino, mientras avanzaba con seguridad… hacia el lugar equivocado.


Saulo —su nombre antes de la conversión— estaba convencido. Convencido de tener razón. Convencido de defender a Dios. Convencido de que su violencia era justicia.

Y es ahí donde Dios irrumpe.


No para felicitarlo. No para negociar. Sino para detenerlo.


Una luz lo derriba. Una voz lo desarma. Y, de repente, el hombre que creía ver con claridad queda ciego.


casa betania

LA CEGUERA QUE ABRE LOS OJOS

La conversión de Pablo no empieza con una predicación, sino con una pérdida. Pierde la vista. Pierde el control. Pierde la dirección. Y queda reducido a algo que incomoda profundamente al orgullo humano: la dependencia total.


Durante tres días no ve. No come. No habla. Es el tiempo del silencio forzado. El tiempo en que Dios trabaja cuando ya no hay excusas, ni discursos, ni defensas.


Porque la conversión auténtica no es un cambio de ideas. Es un cambio de centro.



DE SAULO A PABLO: CUANDO CAMBIA LA IDENTIDAD

El cambio de nombre no es un detalle menor. Saulo —nombre fuerte, imponente— se convierte en Pablo, que significa pequeño.


El perseguidor se vuelve testigo. El violento se vuelve anunciador. El seguro de sí mismo se vuelve servidor.


Pero atención: Pablo no niega su pasado. No lo maquilla. No lo borra. Lo entrega. Y desde ahí anuncia algo que hoy sigue estremeciendo: nadie está condenado a ser lo que fue.









UNA CONVERSIÓN QUE NO TERMINA EN LO PERSONAL

La conversión de san Pablo no lo encierra en sí mismo. No lo convierte en un espiritualista aislado. Lo lanza a una misión que atraviesa culturas, pueblos, conflictos y persecuciones.

Pablo entiende algo decisivo: la fe no es un refugio privado. Es un fuego que debe expandirse.


Por eso León XIV recordó en estos días que cada encuentro verdadero con Cristo concede una nueva visión y una nueva dirección para la vida. Y que esa conversión personal se vuelve misión para todos.


Pedro Kriskovich

LA CONVERSIÓN QUE LA IGLESIA SIGUE NECESITANDO

La fiesta de la Conversión de san Pablo coincide cada año con la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos. No es casualidad.


Porque las divisiones no nacen solo de diferencias doctrinales. Muchas veces nacen de corazones que dejaron de convertirse.


El Papa fue claro: las divisiones no apagan la luz de Cristo, pero la vuelven opaca. Y un rostro opaco no atrae. No interpela. No evangeliza.


Santería

LA PREGUNTA QUE NADIE PUEDE EVITAR

La historia de San Pablo no es solo memoria. Es espejo. Porque la conversión no es un evento del pasado. Es una posibilidad permanente.


La pregunta no es si alguna vez caíste. La pregunta no es si estuviste equivocado. La pregunta no es si perseguías lo que decías amar.


La pregunta es otra, mucho más incómoda: ¿Qué tendría que derribarte hoy para que Dios pueda levantarte de verdad?


Porque la conversión que cambió a Pablo…todavía puede cambiar tu historia.

La Conversión que Aún Puede Cambiar tu Historia

La Conversión que Aún Puede Cambiar tu Historia


📖También te puede interesar:

Comentarios


bottom of page