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La Ateísta que se Rindió ante la Verdad… y Terminó Vestida de Blanco

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 57 minutos
  • 2 Min. de lectura
Fue atea, rechazó a Dios y desconfiaba de la Iglesia. Pero una pregunta incómoda lo cambió todo. Hoy viste hábito, reza y anuncia la verdad que antes combatía. La historia de una conversión que desarma prejuicios.
Dejó el ateísmo militante para buscar la verdad sin filtros: la hermana Carino Hodder relata cómo una pregunta incómoda la llevó del rechazo a la fe al silencio consagrado, donde la razón y Dios dejaron de pelear y comenzaron a encontrarse.
Dejó el ateísmo militante para buscar la verdad sin filtros: la hermana Carino Hodder relata cómo una pregunta incómoda la llevó del rechazo a la fe al silencio consagrado, donde la razón y Dios dejaron de pelear y comenzaron a encontrarse.

Durante años, la hermana Carino Hodder no creyó en nada. O, mejor dicho, creyó que no había nada en qué creer. Criada sin religión, sin oraciones y sin altar, fue una joven formada en las ideas del llamado Nuevo Ateísmo, ese movimiento que proclama que Dios es un obstáculo y que la verdad se inventa, no se recibe. Pero algo empezó a resquebrajarse.


Tenía poco más de veinte años cuando una inquietud incómoda comenzó a perseguirla. No era miedo. Era algo peor: la sospecha de que la vida no podía sostenerse solo sobre opiniones. “Lo más natural, intuitivo y liberador —confesaría después— es creer que existe una verdad objetiva”. Esa frase fue una grieta. Y por allí entró la luz.


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Carino hizo lo que pocos se atreven a hacer de verdad: pensar hasta el fondo. Analizó religiones, sistemas filosóficos, corrientes espirituales. Y contra todos sus prejuicios culturales —“los católicos son rígidos, intolerantes”, le habían dicho— fue precisamente la fe católica la que empezó a encajar, no solo en su corazón, sino también en su mente. Eso la irritaba. Porque significaba que no podía descartarla con slogans.









Uno de sus pensadores ateos favoritos terminó siendo, paradójicamente, quien la detuvo en seco. La idea de que la dignidad humana nace de la búsqueda de una verdad objetiva —y no de la auto-invención total— la sacudió. ¿Y si la libertad no estaba en inventarse a uno mismo, sino en descubrirse amado?

Mirá la entrevista completa con la hermana que no creía en nada y se convirtió por amor a la Verdad.

A los 20 años, Carino dio el paso que nunca imaginó: pidió entrar a la Iglesia Católica. Y no lo hizo sola. La comunidad, la liturgia, la coherencia entre fe y razón terminaron de ordenar el rompecabezas.


Hoy, es hermana dominica. Eligió como patrona a Santa Carino. Viste hábito. Reza. Estudia. Anuncia la verdad que antes negaba.


La mujer que no creía en nada terminó entregándolo todo. Porque cuando la verdad se deja encontrar, ya no hay marcha atrás.

La Ateísta que se Rindió ante la Verdad… y Terminó Vestida de Blanco



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