El Secreto que Nadie Dice: Cómo Escuchar a Dios… y los Errores que Están Apagando Su Voz
- Canal Vida
- hace 8 horas
- 2 Min. de lectura
En un mundo lleno de ruido, un sacerdote revela el secreto más oculto de la vida espiritual: cómo escuchar realmente a Dios. El método que transformó a cientos y que casi nadie practica. El silencio auténtico… y los errores que lo destruyen.

Hay oraciones que nunca llegan al cielo… no porque Dios no escuche, sino porque no le dejamos hablar. Lo dijo con una franqueza impactante el padre Fernando Suárez: “Solo en el silencio auténtico el corazón se abre de verdad a la voz de Dios”. Y esa frase, tan simple, explica por qué millones de cristianos viven confundidos, agotados, sin rumbo… creyendo que Dios “no responde”.
La verdad es tremenda: Dios habla. Siempre. Pero nosotros hacemos demasiado ruido.Y el ruido no es solo externo: es interno, emocional, mental, digital. Es el teléfono, las urgencias inventadas, las pantallas, la ansiedad… y sí, incluso la música —por más bella que sea— que tapa la voz de Aquel que susurra.
El sacerdote fue directo: “Es necesario el silencio… largo, largo”. No diez minutos. No entre mensajes. No “cuando tenga tiempo”.Habló de retiros de tres días donde gente que jamás había callado… terminó llorando al descubrir que Dios sí les hablaba. Y que el mundo entero les había enseñado a no escucharlo.

❌ ¿Qué NO hay que hacer si querés oír a Dios?
— Rezar mientras hacés mil cosas a la vez.
— Llenar la Adoración de música inútil.
— Hablar más de lo que escuchás.
— Vivir en ruido constante, incluso religioso.
— Buscar respuestas inmediatas, sin proceso ni discernimiento.
✔️ ¿Qué SÍ hay que hacer?
— Practicar silencio real, incómodo al principio, liberador después.
— Tomar un retiro, aunque parezca “imposible”.
— Dejar que el alma se calme y la mente se aquiete.
— Abrirse a que Dios hable en sus tiempos, no en los nuestros.
— Seguir el camino de los santos, que descubrieron que el silencio no es vacío… es encuentro.
Santa Teresa, Faustina, Bernardo… todos lo dijeron. Porque todos lo vivieron. Dios no habla en gritos. Habla donde casi nadie va: el silencio.





