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  • Foto del escritorCanal Vida

El Señor llama a la plenitud de la vida eterna

El Papa, al concluir el ciclo de catequesis dedicadas a la vejez, aseguró ante una multitud en el aula Paulo VI que después de la muerte nacemos en el cielo, el espacio de Dios, donde hay sitio para todos. "Esperemos esa plenitud de vida que nos espera a todos", subrayó.
 

“Cuando el Señor nos llame nos espera una vida plena”, aseguró Francisco esta mañana en su última catequesis sobre la vejez, inspirado en la reciente celebración de la Asunción de la Virgen María al cielo. En su alocución ante una multitud congregada en el aula Paulo VI reflexionó sobre la relación de este misterio con la resurrección del Hijo.



NUEVO NACIMIENTO

El Santo Padre en su discurso indicó que el destino del ser humano es como el de Jesús, resucitar; y recordó las palabras del Cristo a Nicodemo: “Si el primero fue un nacimiento sobre la tierra, el segundo es el nacimiento en el cielo”.


“¡Jesús resucitado con su cuerpo vive en la intimidad trinitaria de Dios! Y en ella no pierde la memoria, no abandona su propia historia, no disuelve las relaciones en las que vivió en la tierra” (…) Y Él vendrá, no sólo vendrá al final por todos, vendrá cada vez por cada uno de nosotros. Él vendrá a buscarnos para llevarnos a Él. En este sentido la muerte es un poco el escalón para el encuentro con Jesús que me espera para llevarme a Él”, subrayó el Papa que hoy ingresó en sillas de ruedas al recinto donde ofició la audiencia general.



 
 


“Esperemos esa plenitud de vida que nos espera a todos, cuando el Señor nos llame.”


HOGAR CELESTIAL

El Pontífice indicó que “el Resucitado vive en el mundo de Dios, donde hay sitio para todos, donde se forma una nueva tierra y se va construyendo la ciudad celestial, hogar definitivo del hombre”.


Un Reino de Dios, señaló el Santo Padre, que el mismo Jesús describe como un banquete de bodas, como una fiesta con los amigos, como un trabajo bien hecho o una buena cosecha. De allí su invitación, especialmente, a los ancianos, sus “coetáneos”, a ponerse en sintonía con ese destino.





LUZ

El Obispo de Roma se detuvo un detalle importante para el adulto mayor: la demostración de afecto, y destacó que “una caricia, una sonrisa, un gesto” se hace más intensa en esa etapa de la vida “al que en las cercanías de nuestra despedida nos damos más importancia. Por ello invitó a transmitir esa sabiduría a los niños, a los jóvenes, a los adultos, a ser “luz para los demás”.


“Toda nuestra vida aparece como una semilla que deberá ser enterrada para que nazca su flor y su fruto. Nacerá, junto con todo el mundo. No sin dolores, no sin dolor, pero nacerá y la vida del cuerpo resucitado será cien y mil veces más viva que la que probamos en esta tierra”, señaló.



Como cada miércoles una multitud acompañó al Santo Padre en la audiencia general. (Fotografía: Vatican Medica)



LA PLENITUD

Francisco insistió al final de su catequesis que la espera de esa otra vida, debe ser palpitante, no una espera “anestesiada” o “aburrida” y, aunque “pasar por esa puerta da un poco de miedo, siempre está la mano de Dios que te hace avanzar”.


“Esperemos esa plenitud de vida que nos espera a todos, cuando el Señor nos llame”, concluyó.

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