El Santo que Rezaba por Personas que Vivían en Pecado… y Nunca las Señaló
- Canal Vida

- hace 2 días
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Rezaba por quienes vivían lejos de Dios, pero nunca los expuso ni los humilló. Este santo entendió la diferencia entre misericordia y permisividad, y enseñó algo que hoy incomoda: se puede amar sin justificar… y acompañar sin señalar.

Hay santos que predicaron con palabras. Otros, con gestos heroicos. Y hay uno que eligió un camino más incómodo para el alma humana: amar sin señalar, acompañar sin justificar, rezar sin humillar.
San Juan María Vianney (1786-1859), el Cura de Ars, no fue indulgente con el pecado. Fue implacable con el suyo propio. Pero frente a quienes vivían lejos de Dios, jamás levantó el dedo acusador. Levantó algo mucho más poderoso: la intercesión silenciosa.
Un confesor que veía el abismo… y no empujaba
El Cura de Ars pasaba entre 12 y 16 horas diarias confesando. Veía lo peor del corazón humano: adulterios, abandonos, violencias, miserias repetidas. No las desconocía. No las relativizaba. No las celebraba.
Pero tampoco las usaba como arma.
Quienes se arrodillaban ante él no encontraban gritos ni desprecio. Encontraban una mirada que dolía más que cualquier reproche: la de alguien que creía que todavía había esperanza.
San Juan María Vianney solía decir que el mayor sufrimiento de su vida no era escuchar pecados ajenos, sino ver almas convencidas de que ya no tenían salvación.

Misericordia no es permisividad
Aquí está la paradoja que incomoda: el Cura de Ars no justificaba el pecado, pero tampoco expulsaba al pecador.
Hoy muchos confunden misericordia con silencio cómplice. Él no.La misericordia verdadera —enseñaba con su vida— no niega la herida, pero tampoco la exhibe para avergonzar.
Llamaba al pecado por su nombre. Invitaba a la conversión. Pero jamás reducía a una persona a su caída.
Por eso, quienes vivían en situaciones irregulares, alejados de los sacramentos o atrapados en vicios, volvían una y otra vez a Ars. No porque todo estuviera permitido, sino porque sabían que alguien rezaba por ellos incluso cuando recaían.
Acompañar sin justificar: el camino más difícil
San Juan María Vianney practicó lo que hoy cuesta aceptar: acompañar no es aprobar.
Acompañar es caminar con el otro mientras lucha. Es sostener cuando cae.Es esperar cuando tarda. Es rezar cuando no puede rezar.
El santo ayunaba y hacía penitencia por los pecados de otros, no para condenarlos, sino para ofrecer su propia vida como súplica ante Dios. Decía que muchas conversiones no nacen de un sermón, sino de una cruz aceptada en silencio.
El escándalo de una ternura firme
Para algunos contemporáneos, el Cura de Ars era demasiado blando. Para otros, demasiado exigente. En realidad, era algo más escandaloso: coherente.
No negociaba la verdad, pero jamás la usaba como piedra. No relativizaba el Evangelio, pero tampoco lo convertía en látigo.
Por eso sigue incomodando hoy. Porque obliga a elegir entre tener razón o salvar almas.
Una lección para una Iglesia herida
San Juan María Vianney nos deja una enseñanza urgente:la Iglesia no está llamada a ser tribunal de redes sociales ni fábrica de etiquetas morales.
Está llamada a ser hospital de campaña, como recordó el Papa Francisco siglos después, y casa de misericordia con puertas abiertas, donde la verdad no se diluye, pero el amor tampoco se congela.
El Cura de Ars nunca marchó con pancartas. Nunca escribió manifiestos.Nunca humilló públicamente a nadie.
Rezaba. Esperaba. Confiaba en que Dios obra incluso cuando el proceso es lento.

El santo que sigue rezando por nosotros
Hoy, cuando tantos se sienten señalados, juzgados o expulsados incluso antes de hablar, la figura del Cura de Ars vuelve a brillar con fuerza.
No como excusa para relativizar el pecado. Sino como llamado a no perder a la persona mientras se combate el error.
San Juan María Vianney sigue enseñando que la santidad no consiste en señalar desde arriba, sino en arrodillarse para interceder.
Y quizás, en un mundo lleno de juicios rápidos, esa sea la forma más revolucionaria de fidelidad al Evangelio.
El Santo que Rezaba por Personas que Vivían en Pecado… y Nunca las Señaló
El Santo que Rezaba por Personas que Vivían en Pecado… y Nunca las Señaló









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