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El peor pecado, la soberbia

"A veces nos creemos más que Dios y perdemos la conciencia que es Él quien nos sostiene en la vida", asegura el padre Rafael de Tomás Ferrer en su reflexión sobre la lectura de hoy (Is.10, 5-7. 13-16).
 

Esto dice el Señor:

«¡Ay de Asiria, vara de mi ira!

¡Mi furor es bastón entre sus manos!

Lo envío contra una nación impía,

lo mando contra el pueblo que provoca mi cólera,

para saquearlo y despojarlo,

para hollarlo como barro de las calles.


"El Señor, Dios del universo, debilitará a los hombres vigorosos y bajo su esplendor encenderá un fuego abrasador."

Pero él no lo entiende así,

no es eso lo que piensa en su corazón,

sino exterminar, aniquilar naciones numerosas.

Porque se decía: “Con la fuerza de mi mano lo he hecho,

con mi saber, porque soy inteligente.

He borrado las fronteras de las naciones,

he saqueado sus tesoros

y, como un héroe, he destronado a sus señores.


Mi mano ha alcanzado a las riquezas de los pueblos,

como si fueran un nido;

como quien recoge huevos abandonados,

recogí toda su tierra.


Ninguno batió el ala,

ninguno abrió el pico para piar”.


¿Se enorgullece el hacha contra quien corta con ella?


¿Se gloría la sierra contra quien la mueve?


Como si el bastón moviera a quien lo sostiene,

o la vara sostuviera a quien no es de madera!

Por eso, el Señor, Dios del universo,

debilitará a los hombres vigorosos

y bajo su esplendor

encenderá un fuego abrasador».

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