El nombre que protege: el cardenal que pidió volver a llamar santos a nuestros hijos
- Canal Vida

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Durante siglos, el nombre fue una oración silenciosa. Hoy, un purpurado volvió a encender el debate: ¿qué perdemos cuando dejamos de poner nombres de santos a nuestros hijos? Tradición, protección espiritual y una pregunta que interpela a muchas familias.

En tiempos donde los nombres de bebés se inspiran cada vez más en estrellas de cine, personajes de series o modas pasajeras, un cardenal salió a decir algo que incomodó a muchos… y despertó nostalgia, fe y debate en miles de católicos: volver a poner a los hijos nombres de santos.
El protagonista es el cardenal Timothy Dolan, arzobispo emérito de Nueva York, quien en un video reciente —difundido en Instagram y X— alentó con claridad a recuperar una tradición que durante siglos fue casi sagrada en las familias católicas. No habló desde la teoría, sino desde la experiencia pastoral concreta: cada vez bautiza menos niños con nombres de santos.

“Había una hermosa costumbre católica de poner siempre el nombre de un santo, como primer o segundo nombre, pidiendo así su protección”, recordó Dolan. Para él, no se trata de una formalidad antigua, sino de un gesto profundamente espiritual: darle a un niño un nombre es darle también un modelo, un intercesor, una historia de fe.
El purpurado fue directo —y hasta provocador— al contrastar esta tradición con la tendencia actual. Contó que leyó una encuesta que lo “indignó un poco”: hoy, muchos padres eligen nombres de celebridades o héroes de telenovelas. “No sé si eso es lo mejor del mundo”, lanzó, con ironía pastoral.
Pero su mensaje no fue condenatorio. Al contrario: Dolan explicó que cuando un niño no lleva nombre de santo, él mismo suele “dedicarlo” a uno en particular, o recuerda que en la Confirmación siempre existe la posibilidad de elegir un santo patrón. Sin embargo, insistió: poner el nombre desde el Bautismo tiene un valor especial.
¿Por qué? Porque durante siglos, ese nombre fue una forma de decirle al cielo: “Este niño no camina solo”. Un santo como protector, como referencia, como espejo posible. No es casual que tantos adultos recuerden quién fue el santo que les dio nombre… y por qué sus padres lo eligieron.

Las reacciones no tardaron en llegar. Muchos fieles apoyaron al cardenal y compartieron historias conmovedoras. Padres que exigían “al menos un nombre de santo”. Sacerdotes que se negaban a bautizar sin él. Libritos gastados titulados “¿Es un nombre de santo?” que pasaban de generación en generación. Incluso una mujer contó que en 1966 el sacerdote agregó “Marie” como segundo nombre en el mismo momento del Bautismo para que la ceremonia pudiera continuar.
Detrás del debate sobre los nombres, late algo más profundo: qué tradición queremos transmitir, qué raíces dejamos a nuestros hijos en un mundo cada vez más desmemoriado de lo sagrado. Como recordó un comentario citado por Dolan, retomando a san Juan Pablo II: “Necesitamos santos del siglo XXI”. Tal vez, todo empiece por el nombre.
Y la pregunta queda flotando, como una invitación personal:¿a quién le confiamos el nombre —y la vida— de nuestros hijos?
El nombre que protege: el cardenal que pidió volver a llamar santos a nuestros hijos
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