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“EL AMOR QUE SE ARRODILLA”: EL GESTO DEL PAPA QUE SACUDIÓ EL JUEVES SANTO

  • Foto del escritor: Canal Vida
    Canal Vida
  • hace 4 horas
  • 4 Min. de lectura
En el gesto más desconcertante del Jueves Santo, León XIV se arrodilló y lavó pies. Pero lo que dijo después fue aún más fuerte: el amor de Cristo no es idea… es gesto y alimento.
Arrodillado, en silencio y sin palabras, el Papa León XIV besa los pies en un gesto que desarma toda lógica de poder. No es un rito vacío: es la imagen viva de un amor que se humilla para elevar al otro.
Arrodillado, en silencio y sin palabras, el Papa León XIV besa los pies en un gesto que desarma toda lógica de poder. No es un rito vacío: es la imagen viva de un amor que se humilla para elevar al otro.

En una tarde cargada de silencio, historia y misterio, León XIV volvió a hacer algo que, aunque forma parte de la tradición, sigue impactando como la primera vez: se arrodilló.


No ante reyes. No ante poderosos.


Sino ante hombres comunes.


Doce sacerdotes, uno por uno, recibieron un gesto que no se puede entender con lógica humana. Lavó sus pies en la basílica de San Juan de Letrán, repitiendo el gesto de Cristo en la Última Cena. Pero lo que ocurrió no fue un simple rito. Fue una provocación espiritual.


Porque en ese acto se esconde una verdad que incomoda: el verdadero poder… no se impone. Se arrodilla.









“SU AMOR SE HIZO GESTO… Y ALIMENTO”

En su homilía, fue directo al corazón del misterio. No habló de teorías. No se quedó en conceptos abstractos. Fue al núcleo: el amor de Cristo no es una idea, es una acción concreta. Se vuelve gesto. Se vuelve alimento.


Y ahí está la clave.


Jesús no solo ama. Jesús se entrega. Jesús se da como comida.


En la Última Cena, ese amor toma forma visible. El pan y el vino dejan de ser símbolos para convertirse en presencia. Y al mismo tiempo, el Maestro hace algo aún más desconcertante: se inclina, toma agua, y lava los pies de sus discípulos.


No como metáfora.


Como realidad.



EL GESTO QUE DESTRUYE TODAS LAS IDEAS DE PODER

El Papa lo explicó con una claridad que desarma cualquier discurso superficial: lavar los pies no es solo un ejemplo moral. Es una revelación de quién es Dios.


Un Dios que no domina. Un Dios que no aplasta. Un Dios que no exige desde arriba.

Un Dios que se acerca, toca, limpia, sirve.


Ese gesto rompe todo lo que el mundo entiende por grandeza. Porque mientras la lógica humana busca subir, imponerse y ser reconocido, Cristo muestra otra cosa: la verdadera altura se alcanza descendiendo.









LA RESISTENCIA QUE TODOS TENEMOS

El Evangelio lo deja claro: Pedro no quería que Jesús le lavara los pies. Le parecía demasiado. Inaceptable. Humillante.


Y ahí aparece algo profundamente humano.


También hoy cuesta aceptar ese tipo de amor. Cuesta dejarse servir. Cuesta aceptar que Dios no viene a imponerse, sino a entregarse. Preferimos un Dios que resuelva, que ordene, que controle.


Pero no uno que se arrodille frente a nosotros.


León XIV retomó esa tensión con una advertencia fuerte: muchas veces buscamos un Dios de éxito, útil, funcional a nuestros intereses. Pero el Dios real es otro. Es el que ama incluso cuando todo se derrumba.



EL AMOR QUE LIMPIA… Y LIBERA

Hay una frase central de la homilía que atraviesa todo el mensaje: al lavar nuestra carne, Cristo purifica nuestra alma, nos libera y nos da la vida.


No es solo un gesto simbólico. Es una acción que transforma.


Porque el problema no es solo el pecado visible. Es la imagen deformada que tenemos de Dios y de nosotros mismos. Creemos que somos grandes cuando dominamos, que valemos cuando imponemos, que ganamos cuando vencemos al otro.


Cristo rompe ese esquema desde la raíz.


Y propone otra lógica.


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UNA TAREA INCÓMODA: HACER LO MISMO

El momento más fuerte llega cuando Jesús dice: “Hagan lo mismo que yo hice con ustedes”.


No es una sugerencia. Es una exigencia.


El Papa lo subrayó con claridad: no se trata de admirar el gesto, sino de asumirlo como forma de vida. Servir. Amar. Inclinarse. Cuidar al otro. Especialmente al que no puede devolver nada.


Pero hay un detalle clave: esto no se puede hacer por obligación, ni por imagen, ni por conveniencia. Solo puede hacerse desde el amor.


Y eso cambia todo.


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EL AMOR QUE SE VIVE EN LA OSCURIDAD

El Obispo de Roma insistió en algo que muchas veces se pasa por alto: Jesús no realiza este gesto en un momento de gloria, sino en la noche de la traición.


En medio de la incomprensión. En el inicio de su pasión. Cuando ya sabe lo que viene.


Eso revela que el amor de Cristo no depende de las circunstancias. No ama porque todo está bien. Ama precisamente cuando todo se rompe.


Y esa es la diferencia.


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EL JUEVES SANTO QUE INTERPELA HOY

Este Jueves Santo no fue solo un recuerdo litúrgico. Fue una interpelación directa al presente. A una sociedad atravesada por la violencia, el egoísmo y la indiferencia.


El vicario de Cristo lo dijo sin rodeos: frente a un mundo marcado por la brutalidad, la respuesta cristiana no es más fuerza… es más servicio.


Arrodillarse. Acompañar. Servir. No como debilidad. Sino como la forma más alta de amor.


Canal Vida

UN MENSAJE QUE NO SE PUEDE IGNORAR

La escena ya terminó. La misa pasó. El gesto quedó.


Pero la pregunta sigue abierta. Porque no alcanza con emocionarse. No alcanza con mirar. No alcanza con compartir la imagen.


El desafío es otro.


Aceptar ser amados así… y vivir de la misma manera. Porque en ese gesto —simple, concreto, incómodo— se esconde algo que cambia todo: El amor verdadero… siempre se arrodilla.

“EL AMOR QUE SE ARRODILLA”: EL GESTO DEL PAPA QUE SACUDIÓ EL JUEVES SANTO

“EL AMOR QUE SE ARRODILLA”: EL GESTO DEL PAPA QUE SACUDIÓ EL JUEVES SANTO

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