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El amor de Dios es eterno

"El Señor siempre muestra su misericordia porque nos ama", asegura el padre Rafael de Tomás Ferrer en su reflexión de la primera lectura del día (Is. 54, 1-10).
 

Exulta, estéril, que no dabas a luz;

rompe a cantar, alégrate;

tú que no tenías dolores de parto:

porque la abandonada

tendrá más hijos que la casada —dice el Señor—.


"Por un instante te abandoné, pero con gran cariño te reuniré."

Ensancha el espacio de tu tienda,

despliega los toldos de tu morada,

no los restrinjas,

alarga tus cuerdas,

afianza tus estacas,

porque te extenderás de derecha a izquierda.


Tu estirpe heredará las naciones

y poblará ciudades desiertas.


No temas, no tendrás que avergonzarte,

no te sientas ultrajada,

porque no deberás sonrojarte.


Olvidarás la vergüenza de tu soltería,

no recordarás la afrenta de tu viudez.


Quien te desposa es tu Hacedor:

su nombre es Señor todopoderoso.


Tu libertador es el Santo de Israel:

se llama «Dios de toda la tierra».


Como a una mujer abandonada y abatida

te llama el Señor;

como a esposa de juventud, repudiada

—dice tu Dios—.


Por un instante te abandoné,

pero con gran cariño te reuniré.

En un arrebato de ira,

por un instante te escondí mi rostro,

pero con amor eterno te quiero

—dice el Señor, tu liberador—.


Me sucede como en los días de Noé:

juré que las aguas de Noé

no volverían a cubrir la tierra;

así juro no irritarme contra ti

ni amenazarte.


Aunque los montes cambiasen

y vacilaran las colinas,

no cambiaría mi amor,

ni vacilaría mi alianza de paz

—dice el Señor que te quiere—.

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