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Tener la mirada de misericordia y compasión de Cristo

Francisco explicó, antes del Ángelus y en relación con el Evangelio sobre “el cruce de miradas entre Zaqueo y Jesús", que el ser humano busca la redención y el Señor “busca a su criatura para salvarla”.
 

"Recemos a María, cuya humildad miró el Señor, y pidámosle el don de una mirada nueva sobre nosotros mismos y sobre los demás", indicó el Papa Francisco.


“Los cristianos debemos tener la mirada de Cristo, que abraza desde abajo, que busca a quien está perdido, con compasión”, aseguró el Papa Francisco ante una multitud que se congregó esta mañana en la plaza San Pedro para rezarle a la Madre.


En su reflexión del Evangelio (Lc. 19, 1-10) antes del Ángelus el Pontífice indicó, sobre la narración del acercamiento entre Jesús y Zaqueo, que los dos se buscan, sus miradas quieren encontrarse.


“Dios no nos mira de lo alto para humillarnos y juzgarnos; al contrario, se abajó hasta lavarnos los pies, mirándonos desde abajo y devolviéndonos la dignidad.”

“En el centro de este relato está el verbo buscar. Zaqueo ‘trataba de ver quién era Jesús’ y Jesús, después de encontrarse con él, afirma: ‘El Hijo del Hombre ha venido a buscar y a salvar lo que estaba perdido’”, explicó el Santo Padre.

 
 

LA MIRADA QUE BUSCA LA SALVACIÓN

La primera mirada, la de Zaqueo, que cobraba impuestos para los romanos y se aprovechaba de su posición para sacar ventaja sobre los demás: rico, odiado y señalado como pecador.


La Sagrada Escritura indica que "era pequeño de estatura" y con ello quizá alude también a su bajeza interior, “a su vida mediocre, deshonesta, siempre mirando hacia abajo”, describió el Obispo de Roma.


“La humanidad con sus miserias busca la redención, pero ante todo Dios con misericordia busca a su criatura para salvarla.”

“Sin embargo, Zaqueo quiere ver a Jesús. Corrió más delante y, para poder verlo, se subió a un sicomoro, porque tenía que pasar por allí (v. 4). Zaqueo, en su bajeza, siente la necesidad de buscar otra mirada, la de Cristo. Todavía no lo conoce, pero espera que alguien lo libere de su condición, que lo saque del fango en el que se encuentra”, señaló el sucesor de Pedro, y manifestó que en ese pasaje hay una enseñanza que deja Zaqueo: “nunca está todo perdido, siempre podemos dar espacio al deseo de volver a empezar, de recomenzar, de convertirnos”.

 
 

LA MIRADA QUE SALVA CON MISERCORDIA

Es decisivo el segundo aspecto: la mirada de Jesús. Él fue enviado por el Padre a buscar a los que estaban perdidos, y al llegar a Jericó, pasa al lado del árbol donde está Zaqueo.


“El Evangelio narra que ‘Jesús levantó la mirada y le dijo: Zaqueo, baja enseguida, porque hoy me tengo que quedar en tu casa’ (v. 5). Es una imagen muy hermosa, porque si Jesús tiene que levantar la mirada, significa que mira a Zaqueo desde abajo. Esta es la historia de la salvación: Dios no nos mira de lo alto para humillarnos y juzgarnos; al contrario, se abajó hasta lavarnos los pies, mirándonos desde abajo y devolviéndonos la dignidad”, subrayó el vicario de Cristo, al tiempo que sostuvo: “así, el cruce de miradas entre Zaqueo y Jesús parece resumir toda la historia de la salvación: la humanidad con sus miserias busca la redención, pero ante todo Dios con misericordia busca a su criatura para salvarla.

 
 

JESÚS MIRA CON AMOR

Francisco invitó a recordar que la mirada de Dios nunca se detiene en “nuestro pasado lleno de errores, sino que mira con infinita confianza lo que podemos llegar a ser”.


“Nunca está todo perdido, siempre podemos dar espacio al deseo de volver a empezar, de recomenzar, de convertirnos.”

Y si a veces “nos sentimos personas de baja estatura”, sumidos en problemas y pecados, Jesús siempre mira con amor: “como con Zaqueo, sale a nuestro encuentro, nos llama por nuestro nombre y, si lo acogemos, viene a nuestra casa”.


Reflexión y rezo del Ángelus, presidido por el Papa Francisco.


TENER LA MIRADA DE CRISTO

El Santo Padre concluyó señalando que, “los cristianos debemos tener la mirada de Cristo, que abraza desde abajo, que busca a quien está perdido, con compasión. Esta es, y debe ser, la mirada de la Iglesia, siempre, la mirada de Cristo”.




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