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Te confesás siempre de lo mismo… y salís igual que entraste

  • jmarinangeli
  • 12 ene
  • 2 Min. de lectura
Te confesás una y otra vez de lo mismo y nada cambia. No es falta de fe: puede ser que estés atacando el síntoma y no la raíz. Un sacerdote revela el error silencioso que estanca a miles de cristianos.
Confesión
En el silencio del confesionario, comienza la verdadera batalla interior: no contra el pecado visible, sino contra la raíz que lo hace volver una y otra vez.

Es una experiencia más común de lo que muchos se animan a admitir dentro de la Iglesia. Semana tras semana, mes tras mes, los mismos pecados vuelven a aparecer en el confesionario como un eco que no se apaga. Y eso, lejos de ser solo una debilidad personal, puede esconder un error espiritual profundo.


El padre Josh Johnson, sacerdote de Ascension Presents, lo explicó con claridad en el podcast The Catholic Talk Show: el problema no suele estar en la confesión, sino en cómo entendemos el pecado. Muchos cristianos confiesan síntomas, pero nunca llegan a la causa real.


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Detrás de un pecado repetido —la crítica constante, la ira, la impureza, la falta de caridad— suele haber un vicio raíz que no se nombra. El sacerdote contó que durante años confesó la detracción, hasta que en oración descubrió que el verdadero origen era la acedia: una tristeza espiritual disfrazada de cansancio, dispersión o hiperactividad que deja a Dios siempre para después.


“La acedia no es solo pereza”, advierte. También es vivir ocupados para no enfrentarnos al silencio interior. Y mientras no se confiesa la raíz, el pecado vuelve.









El consejo es claro: confesarse mejor, no solo más seguido. Para eso, la oración es clave. Jesús fue directo con Pedro: “Si no vigilás y orás, caerás”. Sin diálogo con Dios, la confesión se convierte en rutina vacía.


A esto se suma una herramienta olvidada: el ayuno cotidiano. No como castigo, sino como entrenamiento espiritual. Negarse pequeños placeres —el azúcar, el botón de “cinco minutos más”, el impulso automático— fortalece la voluntad y debilita al pecado.


Programa completo con la intervención del padre Johnson.

El sacerdote insiste en un plan concreto: evitar ocasiones de caída, buscar acompañamiento espiritual y ordenar la vida de oración. Porque la santidad no es no caer nunca, sino no resignarse jamás.


Si siempre te confesás de lo mismo, tal vez Dios no te esté pidiendo más culpa… sino más verdad.

Te confesás siempre de lo mismo… y salís igual que entraste



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