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Sabiduría, la herencia que dejan los abuelos

El Papa en su catequesis sobre el sentido y el valor de la vejez, presentó la figura de Judit, que “de joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía y de anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos”.

 


“De joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía. De anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos. Judit no es una jubilada que vive melancólicamente su vacío: es una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona”, aseguró el Francisco en la audiencia general del 11 de mayo en la plaza San Pedro frente a una multitud que se congregó para escuchar su ciclo de catequesis sobre "El sentido y el valor de la vejez".



EL DESCANSO MERECIDO

El pasaje bíblico al que refirió el Santo Padre que sintetiza la última parte de la vida de Judit, en la que "gracias a su fe, a su belleza y a su astucia, salva la ciudad de Betulia y al pueblo de Judá del asedio de Holofernes, general de Nabucodonosor rey de Asiria”. Después de la gran aventura que la ve como protagonista, Judit vuelve a vivir en su ciudad, Betulia, donde vive una bonita vejez hasta los ciento cinco años. "Como llega para muchas personas: a veces después de una vida de trabajo, a veces después de una existencia aventurera o de gran entrega", asegura.


“Judit no es una jubilada que vive melancólicamente su vacío: es una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona”

EDUCAR CON EL EJEMPLO

Para los abuelos, una parte importante de su vocación es sostener a los hijos en la educación de los niños. Los pequeños aprenden la fuerza de la ternura y el respeto por la fragilidad: lecciones insustituibles, que con los abuelos son más fáciles de impartir y de recibir. Los abuelos, por su parte, aprenden que la ternura y la fragilidad no son solo signos de la decadencia: para los jóvenes, son pasajes que hacen humano el futuro.



TENER LA VALENTÍA DE JUDIT

Finalmente, el Santo Padre afirmó que, Judit liberó a su sierva y colmó a todos de atenciones. “De joven se había ganado la estima de la comunidad con su valentía. De anciana, la mereció por la ternura con la que enriqueció la libertad y los afectos. Judit no es una jubilada que vive melancólicamente su vacío: es una anciana apasionada que llena de dones el tiempo que Dios le dona”.


Por ello, el Papa concluyó su catequesis invitando a leer el libro de Judit, a leer “esta historia de una mujer valiente que acaba así, con ternura, con generosidad, una mujer que está a la altura”. Y así es como me gustaría que fueran todas nuestras abuelas, señaló el Pontífice, valientes, sabias y que nos dejaran como herencia no el dinero, sino el de la sabiduría, sembrada en sus nietos.



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