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  • Foto del escritorCanal Vida

Héroe, compañero y protector

En el Día del Padre hacemos un recorrido por los distintos tipos de papás que cuidan de sus hijos todos los días, desde donde estén. Oración a san José.
 

Un desayuno de regalo, abrazo de los hijos, nietos, esposa… Una caricia al corazón con el obsequio más maravilloso, la presencia de las personas que amas.


Es que hoy en Paraguay y otros 70 países en el mundo se celebra el Día del Padre, una jornada en el que se agasaja a quien crio y protegió a los suyos de distintas maneras; o también se lo recuerda con una sonrisa en el alma.


Esos papás son cómplices, consejeros y talentosos, o cascarrabias, tiernos, modernos y tradicionales... pero en una palabra, para sus hijos son los mejores del mundo y gracias a su esfuerzo y dedicación, al lado de mamá, logran construir un armonioso hogar.


El corazón y el amor es el mismo, pero hay distintos tipos de padres con ciertas características con las que tal vez los lectores se sentirán identificados.



Un papá ideal. Escuchar y conversar son sus cualidades. Para él, los valores de sus hijos y el desarrollo de su personalidad son la base de la formación, por eso, respeta las determinaciones, espacios y concepciones, siempre y cuando no sobrepasen los límites que el hogar, como normas, tiene.


"[A tu hijo] enséñale que hay alegría en servir, placer en construir, recompensa en hacer el bien sin mirar a quien."


Un papá informal. Por lo general piensa que los años nunca pasan y que él puede llegar a ser el confidente de sus hijos, aunque cuando ve que la situación se sale de sus manos, recurre a la autoridad para hacer respetar su posición. Lo más seguro es que al día siguiente haya olvidado lo sucedido y traiga una gran pizza a casa.


"[A tu hijo] coloca en su corazón un sentido diferente para vivir, una razón fuerte que le dé aliento para sus pasos; una gran voluntad que le haga seguir adelante y no sentarse nunca a la vera del camino desanimado y vencido."


Un papá sobreprotector. Es aquel extremadamente cuidadoso, que no les permite a los hijos tomar decisiones ni resolver sus propios conflictos. Muchas veces llega hasta manipular los sentimientos para demostrar que él es indispensable y superior a los demás miembros de la familia.



Un papá inestable. La autoridad es su rasgo característico. Cree que por su “machismo” no debe demostrar su afecto e interés a sus hijos, es distante y ausente, no conoce los gustos ni sabe cómo sus hijos perciben la vida. Su gran temor es perder el respeto y la templanza de su carácter.



 


PADRE FUTURO

A ser padre, se aprende. No hay que esperar a que el hijo aparezca para iniciar el aprendizaje. Debe empezarse mucho antes.



Releyendo "Amaneceré mejor", un hermoso librito de J. B. Alves, encontré un capítulo dedicado al tema. Dice: “Cuando te conviertas en papá van a cambiar y transformarse muchas cosas. Eres todavía un muchacho, pero ya tienes sueños de hombre hecho y derecho. Mira, cuando nazca tu primer hijo, vas a mostrarle a esa criatura un semblante amigo, de quien está contento de plantar la tierra, de quien tiene esperanza en la simiente sembrada, de quien tiene fe en la cosecha y en los frutos que han de venir para llenar el granero.


Sí, muchacho, cuando te conviertas en padre y tomes en brazos al hijo que tú mismo has deseado, enséñale a esa criatura la fortaleza de cavar la tierra, día a día, sin desfallecer. Enséñale la constancia para que cuide el campo con cariño, hasta el fin, y una esperanza fuerte para que vea, después de sus fatigas, las semillas crecidas, los granos maduros, listos para la cosecha.


"Cuando nazca tu primer hijo, enséñale a comer el pan con el trabajo de sus manos y que, para vivir, es necesario aprender una cosa: ¡ser humano, simplemente!..."

Enséñale el desapego para repartir hasta la última medida, hasta el último grano, el fruto de su sudor, las alegrías de sus fatigas y dolores. Enséñale que hay alegría en servir, placer en construir, recompensa en hacer el bien sin mirar a quien. Coloca en su corazón un sentido diferente para vivir, una razón fuerte que le dé aliento para sus pasos; una gran voluntad que le haga seguir adelante y no sentarse nunca a la vera del camino desanimado y vencido. Hazle descubrir la alegría que reside en unir las manos para construir un mismo templo, una misma ciudad, un jardín y una plaza para que los chicos jueguen tranquilamente; que la felicidad de una vida reside en juntar esfuerzos para la construcción de un mundo más humano, en el cual el otro no se sienta como una presa, como un vencido, sino hermano y solidario.


Cuando nazca tu primer hijo, enséñale a comer el pan con el trabajo de sus manos y que, para vivir, es necesario aprender una cosa: ¡ser humano, simplemente!.... Desde aquí, muchas felicidades a los papis que ya lo son, y a los que sueñan con serlo un día.


(P. José Ceschi - Cristo Hoy / Adaptado Calan Vida)



 

ORACIÓN DE UN PADRE DE FAMILIA


San José, jefe de la Sagrada Familia, alcánzame los dones y las virtudes necesarias para el cumplimiento de la tarea de dirigir esta familia en nombre de Dios.


Concédeme que, junto con mi esposa, podamos desarrollar con responsabilidad nuestras obligaciones, viviéndolas en la presencia de Dios y en la simplicidad de la fe, alimentadas por la caridad y con devoción y esperanza.


Ayúdame a imitar tu ejemplo y a poner en mi trabajo cuidado, esmero y honestidad para que mi labor se convierta en una verdadera colaboración a la obra de Dios sobre la tierra y en un verdadero servicio a los demás hombres, mis hermanos.


Como tú te dedicaste a nutrir y educar a Jesús, ayúdame para que a los hijos que Dios me ha confiado los eduque con amor y firmeza, con tacto y delicadeza, poniendo toda mi capacidad en esta labor.


Padre, papá e hijo.


Que sepa enseñarles a rezar haciéndolo con ellos, que los ayude a conocer y vivir, con la palabra y el ejemplo, sus deberes de hijos de Dios.


Que siempre viva la paciencia y mantenga la calma delante de sus errores y faltas, sin dejar de corregir y reprender con dulzura y fortaleza a la vez.


Ayúdame a ser consciente de que debo estar lo menos posible alejado de mi hogar, pues tanto mi esposa como mis hijos tienen una gran necesidad de mi presencia.


Alcánzame, san José, que todos los días viva cristianamente y sepa guardar siempre a mi mujer y a mis hijos la fidelidad y el cariño que les debo entregar, a fin de que pueda cumplir la difícil pero maravillosa tarea de conducirlos hacia el Reino de los Cielos, para gozar de Dios eternamente.

Amén.



 

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