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El Señor salvará con su amor y misericordia

"Dios busca la transformación de cada uno de nosotros, por eso lo necesitamos, porque solo Él salva y transforma", asegura el padre Rafael de Tomás Ferrer en su reflexión de la primera lectura del día (Is. 35, 1-10).
 

El desierto y el yermo se regocijarán,

se alegrará la estepa y florecerá,

germinará y florecerá como flor de narciso,

festejará con gozo y cantos de júbilo.


"Los liberados caminan por ella y por ella retornan los rescatados del Señor."

Le ha sido dada la gloria del Líbano,

el esplendor del Carmelo y del Sarón.

Contemplarán la gloria del Señor,

la majestad de nuestro Dios.


Fortaleced las manos débiles,

afianzad las rodillas vacilantes;

decid a los inquietos:

«Sed fuertes, no temáis.

¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite,

la retribución de Dios.

Viene en persona y os salvará.»


Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,

los oídos de los sordos se abrirán;

entonces saltará el cojo como un ciervo,

y cantará la lengua del mudo,

porque han brotado aguas en el desierto

y corrientes en la estepa.


El páramo se convertirá en estanque,

el suelo sediento en manantial.


En el lugar donde se echan los chacales

habrá hierbas, cañas y juncos.

Habrá un camino recto.


Lo llamarán «Vía sacra».


Los impuros no pasarán por él.

Él mismo abre el camino

para que no se extravíen los inexpertos.


No hay por allí leones,

ni se acercarán las bestias feroces.


Los liberados caminan por ella

y por ella retornan los rescatados del Señor.


Llegarán a Sión con cantos de júbilo:

alegría sin límite en sus rostros.

Los dominan el gozo y la alegría.

Quedan atrás la pena y la aflicción.

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