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  • Foto del escritorCanal Vida

El Señor ilumina todo

"Cuando hay oscuridad entra el mal, nosotros somos hijos de la luz", asegura el padre Rafael de Tomás Ferrer en su reflexión de la primera lectura de día (Ap. 18,1-2.21-23;19,1-3.9a).
 

Yo, Juan, vi un ángel que bajaba del cielo con gran autoridad, y la tierra se deslumbró con su resplandor. Y gritó con fuerte voz: «Cayó, cayó la gran Babilonia. Y se ha convertido en morada de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo, en guarida de todo pájaro inmundo y abominable».


“Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero.”

Un ángel vigoroso levantó una piedra grande como una rueda de molino y la precipitó al mar diciendo: «Así, con este ímpetu será precipitada Babilonia, la gran ciudad, y no quedará rastro de ella. No se escuchará más en ti la voz de citaristas ni músicos, de flautas y trompetas. No habrá más en ti artífices de ningún arte; y ya no se escuchará en ti el ruido del molino; ni brillará más en ti luz de lámpara; ni se escuchará más en ti la voz del novio y de la novia, porque tus mercaderes eran los magnates de la tierra y con tus brujerías embaucaste a todas las naciones».


Después de esto oí en el cielo como el vocerío de una gran muchedumbre, que decía:

«Aleluya La salvación, la gloria y el poder son de nuestro Dios, porque sus juicios son verdaderos y justos. Él ha condenado a la gran prostituta que corrompía la tierra con sus fornicaciones, y ha vengado en ella la sangre de sus siervos».


Y por segunda vez dijeron: «¡Aleluya!».


Y el humo de su incendio sube por los siglos de los siglos.


Y me dijo: «Escribe: “Bienaventurados los invitados al banquete de bodas del Cordero”».

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