Custodiar la Fe para No Perderla: El Grito del Papa en Tiempos de Confusión
- Canal Vida

- 28 ene
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En una catequesis que pasó casi desapercibida, León XIV dejó una advertencia profunda: la fe no es un recuerdo del pasado ni una opinión personal. Es un tesoro vivo que puede perderse si no se custodia.

En una época marcada por el ruido, la fragmentación y las verdades a medias, León XIV lanzó una advertencia silenciosa pero contundente: la fe no se improvisa, no se reinventa y no se diluye sin consecuencias. En su catequesis del miércoles 28 de enero en el Aula Pablo VI, puso el foco en una palabra antigua y decisiva: custodiar.
No se trata de conservar un objeto de museo, sino de guardar un fuego vivo que atraviesa los siglos. “La Sagrada Escritura y la Tradición forman un único depósito sagrado”, recordó, retomando la enseñanza central de la Constitución Dei Verbum del Concilio Vaticano II. Y ese depósito —la fe— fue confiado a la Iglesia como una responsabilidad, no como una opción.
Un solo depósito, una sola fuente
El Papa explicó que Biblia y Tradición no compiten entre sí, como a veces se presenta falsamente, sino que nacen de la misma fuente divina y caminan juntas. La Escritura no cayó del cielo como un texto aislado, ni la Tradición es una suma de costumbres humanas: ambas brotan de Cristo y del Espíritu Santo.
Apoyándose en las palabras de Jesús en el Cenáculo y en la misión final en Galilea, recordó que Cristo habló, enseñó y envió, y que esa Palabra debía ser transmitida “a todas las generaciones”. Por eso, la fe no se reduce a lo escrito: vive en la Iglesia, en su vida, en su culto y en su predicación.

La Palabra no está fosilizada
Uno de los puntos más luminosos de la catequesis fue esta afirmación: la Palabra de Dios no está congelada en el pasado. Citando a san Gregorio Magno, el Papa recordó que “la Escritura crece con quienes la leen”. No cambia su verdad, pero se profundiza, se comprende mejor y se encarna en cada tiempo.
El Obispo de Roma retomó también a san Agustín y a John Henry Newman para subrayar que la doctrina cristiana es una realidad viva, comparable a una semilla que crece desde dentro. No se deforma, pero se desarrolla. No se traiciona, pero se despliega.

El Espíritu Santo, el gran protagonista
Nada de esto sería posible sin el Espíritu Santo. El Papa insistió en que es el Espíritu quien guía a la Iglesia a la verdad plena, quien recuerda las palabras de Cristo y las hace fecundas en la historia. Sin el Espíritu, la fe se convierte en letra muerta; con Él, se transforma en vida.
Por eso, custodiar la fe no es un ejercicio intelectual aislado, sino un acto espiritual, comunitario y eclesial. La Iglesia no es dueña del depósito: es su servidora. Y lo custodia no por mérito propio, sino por gracia.
“Guarda el depósito”: una orden que atraviesa los siglos
León XIV puso en el centro la exhortación de san Pablo a Timoteo: “Guarda el depósito que se te ha confiado”. No es una sugerencia piadosa, sino un mandato grave. En su sentido original, explicó el Papa, “depósito” es un término jurídico: quien lo recibe tiene la obligación de conservarlo íntegro y transmitirlo sin adulterarlo.
Ese depósito hoy está en manos de toda la Iglesia: pastores, teólogos, catequistas, familias y fieles. Nadie queda fuera de esta responsabilidad. Porque cuando la fe se descuida, no solo se pierde una doctrina: se desorientan las almas.

Una estrella polar en medio de la historia
En el cierre de su catequesis, León XIV ofreció una imagen poderosa: el depósito de la fe como una estrella polar. En medio de la complejidad del mundo, de las crisis culturales y espirituales, la fe custodiada y transmitida es lo que permite no perder el rumbo.
La Escritura y la Tradición —inseparables—, bajo la acción de un mismo Espíritu, siguen siendo hoy camino de salvación. Pero solo si se las guarda con fidelidad, se las anuncia con valentía y se las vive con coherencia.
En tiempos donde todo parece discutible y negociable, el Papa recordó algo esencial: la fe no se inventa. Se recibe, se custodia y se transmite. Y en esa cadena silenciosa, se juega el futuro espiritual de la Iglesia.
Custodiar la Fe para No Perderla: El Grito del Papa en Tiempos de Confusión
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