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  • Foto del escritorCanal Vida

Colombia bendecida con la beatificación de una religiosa

María Bernice Duque Hencker fue beatificada ante una multitud que colmó la catedral Inmaculada Concepción de María, en Medellín. La curación milagrosa de un joven que padecía una rara enfermedad y estaba postrado, le hizo dar un paso más a la canonización.

 

María Bernice Duque Hencker fue declara beata en una ceremonia oficiada en la catedral Inmaculada Concepción de María, en Medellín, de la que participó gran parte del clero colombiano.


Santa Laura Montoya Apegui debe haber celebrado como tantos colombianos que diario piden su intercesión; es que el país del café y el vallenato, entre tantos atributos, hoy colmó su alma de gozo al escuchar al cardenal Marcello Semeraro, prefecto del Dicasterio para las Causas de los Santos, pronunciar la fórmula de beatificación de María Bernice Duque Hencker (1898-1993). “Los pobres estaban en el centro de su existencia”, manifestó el enviado del Papa Francisco en su homilía sobre la neo beata.


La catedral Inmaculada Concepción de María (Medellín) desde muy temprano recibió a cientos de fieles que no querían perderse el hecho histórico, allí se fueron acomodando para participar, junto al arzobispo anfitrión monseñor Ricardo Tobón Restrepo, de la llegada a los altares de la fundadora de la Congregación Hermanas de la Anunciación.

 
 

INSPIRADA EN LA MADRE

La modestia y humildad de la Virgen María fueron ejemplo para la nueva beata que le dedicó la primera congregación a la Madre: Hermanas de la Anunciación. “La Madre María Berenice vivía su vida cotidiana en la esencialidad, considerándose un ‘gusanito’, ‘basura’, ‘nada’”, indicó el purpurado en su alocución.

Catedral Inmaculada Concepción de María.


ENTREGADA AL PRÓJIMO

El cardenal expresó que los santos y beatos siempre muestran en sus vidas algún aspecto de María, y en el caso de Bernice Duque Hencker fue sumisión a Dios, respondiéndole cada día, a pesar de las muchas pruebas que tuvo que superar.


“Los pobres estaban en el centro de su existencia y también, para que los pobres fueran ‘evangelizados’, fundó una familia religiosa, Misioneras de la Anunciación”, señaló monseñor Semeraro, e indicó que tenía un particular amor por los niños más pobres, “a los que consideraba los favoritos del Señor”.


También “iba entre ellos convencida de que les pertenecía el Reino de los Cielos, el cual comienza aquí abajo a través de las pequeñas cosas, subrayó.

 
 

PROCESO

La causa de la teóloga y religiosa católico inició en 1998, cinco años después de su fallecimiento, como establece el proceso de canonización.


El Papa Francisco en 2019 promulgó el decreto sobre las virtudes heroicas de la fundadora de las Franciscanas Misioneras de Jesús y María.


Imagen de la monja María Bernice Duque Hencker.


MILAGRO

Para la beatificación, los postuladores presentaron a la Congregación para las Causas de los Santos la curación milagrosa en 2004 de un hombre que padecía "pandisautonomía severa y progresiva con insuficiencia multiorgánica y limitación motora severa".


La persona nacida en 1987, a la edad de siete años comenzó a presentar diversas dolencias físicas como náuseas, fatiga y dolor muscular. En 1996 tuvo el primer episodio sincopal, que luego se repitió con frecuencia, incluso varias veces al día.

 
 

Al año siguiente hubo un empeoramiento del cuadro clínico con trastornos también a nivel gastrointestinal, debido a una disfunción neurológica progresiva severa. Siguieron múltiples hospitalizaciones, durante las cuales el paciente se sometió a varias cirugías, así como a numerosos exámenes clínicos.


Durante la última hospitalización, en marzo de 2004, se vio obligado a inmovilidad, fue alimentado por vía parenteral y enteral y sintió un intenso dolor muscular y visceral. Fue dado de alta del hospital, prescribiendo cuidados paliativos en el hogar.


Reliquia de la beata.


El 12 de abril de ese año, durante sus oraciones dirigidas a María Berenice, de repente sintió una fuerte sensación de frío en todo su cuerpo y vio descender dos rayos de luz, se levantó espontáneamente de su silla de ruedas y a partir de ese momento, contra todo pronóstico, comenzó a mejorar considerablemente: volvió a caminar, alimentarse normalmente y regresó a las actividades de la vida cotidiana.


Los controles médicos y los exámenes clínicos posteriores atestiguaron que el curado era autosuficiente y llevaba una vida normal.


La iniciativa de invocar al beato fue tomada por una monja de la Congregación Hermanas de la Anunciación, que durante la última hospitalización del joven le entregó una medalla de la religiosa y una estampita con la oración.

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