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Aprender a vivir la Palabra del Señor

"Cuando el pueblo se olvida de Dios, Él lo purifica", asegura el padre Rafael de Tomás Ferrer en su reflexión sobre la lectura de hoy (Ec. 48, 1-14).
 

Surgió el profeta Elías como un fuego, su palabra quemaba como antorcha.


Él hizo venir sobre ellos el hambre, y con su celo los diezmó.


Por la palabra del Señor cerró los cielos y también hizo caer fuego tres veces.


¡Qué glorioso fuiste, Elías, con tus portentos!


"Nada era imposible para él, incluso muerto, su cuerpo profetizó."

¿Quién puede gloriarse de ser como tú?


Tú despertaste a un cadáver de la muerte y del abismo, por la palabra del Altísimo; tú precipitaste reyes a la ruina y arrebataste del lecho a hombres insignes; en el Sinaí escuchaste palabras de reproche y en el Horeb sentencias de castigo; tú ungiste reyes vengadores y profetas para que te sucedieran; fuiste arrebatado en un torbellino ardiente,

en un carro de caballos de fuego; tú fuiste designado para reprochar los tiempos futuros,

para aplacar la ira antes de que estallara, para reconciliar a los padres con los hijos

y restablecer las tribus de Jacob.


Dichosos los que te vieron y se durmieron en el amor, porque también nosotros viviremos.


Cuando Elías fue arrebatado en el torbellino, Eliseo se llenó de su espíritu.


Durante su vida ningún príncipe lo hizo temblar, nadie pudo dominarlo.


Nada era imposible para él, incluso muerto, su cuerpo profetizó.


Durante su vida realizó prodigios, y después de muerto fueron admirables sus obras.

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